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Es fruto de la oración de Cristo al Padre: que todos sean uno y de nuestro compromiso de vivir, bajo la acción del Espíritu Santo, el Mandamiento Nuevo a semejanza de los primeros cristianos que tenían un solo corazón y una sola alma.
Manifiesta la presencia del Señor entre los hombres; es expresión del misterio de la Iglesia y del anhelo de unidad de los hombres y, en cierto modo, anticipa y anuncia la comunidad de los bienaventurados en el cielo. |
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